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22 oct 2011

Para leer un rato:

La idea detrás de la historieta 

Bernardina hacia la tormenta

(este texto va a modo de epílogo en el libro)



La era del andrajo y una constante uruguaya

Cuando estalló la crisis económica del año 2002 una ola de desesperanza se instaló en Uruguay. Se concretó ese año un largo proceso de decaimiento en el que la mayoría de la gente parecía creer cada vez menos en las oportunidades que el país ofrecía. El futuro se veía cada vez más negro. La pobreza había aumentado hasta volver a los niveles que tenía en 1991 y uno de cada tres uruguayos estaba por debajo de la línea de la pobreza, según un cálculo del sociólogo Fernando Filgueira. El desempleo afectaba al diecisiete por ciento de la población. Había quienes perdían su trabajo y se iban a buscar cualquier oferta en España o en Estados Unidos. También hubo quienes dejaron sus trabajos y hasta abandonaron sus empresas para terminar en el extranjero, empleados en puestos que estaban por debajo de lo que hacían antes pero que, por los más diversos motivos, les parecían más atractivos que cualquier cosa en su propio país. En esos tiempos, buena parte de los que no se fueron consideraron la posibilidad de emigrar. 
Filgueira decía en un artículo sobre la crisis social de ese año, que el malestar social y todos los problemas asociados no solo eran consecuencia de la crisis económica ni de los años previos de recesión. Aunque los problemas sociales se habían vuelto más graves y notorios en esos años ya estaban presentes antes y, según él, iban a seguir incluso en tiempos de crecimiento económico. En la siguiente década la realidad social no pasó a ser algo esplendoroso, pero el proceso de desmotivación se detuvo y gradualmente se revirtió, por suerte.
Ni el fútbol, ni la rambla, ni la tendencia a quejarse ni el tango ni la grisura de espíritu, ni el asado definen tan bien a los habitantes de Uruguay como la idea del exilio. Es un concepto que parece estar marcado en el ADN nacional que ha estado presente en numerosos momentos de la historia, tanto con las sucesivas oleadas de inmigrantes que forjaron el país como en las oleadas de emigrantes que lo abandonaron antes y durante la dictadura de 1973 y también en las décadas que siguieron, en las que Uruguay no volvía a ofrecer las perspectivas que supuestamente daba en los años cincuenta.
Irónicamente, la última crisis económica, cuya aura de desesperanza se convirtió en denominador común de los uruguayos, siguió su proceso ciento noventa años después del Éxodo del Pueblo Oriental, el episodio de la gesta independentista que ofreció a los pobladores del territorio una idea tangible de unidad. Pero como la realidad no opera en función de aniversarios, en el 2002, cuando se cumplieron también ciento noventa años del regreso del Éxodo a la Banda Oriental, no ocurrió lo mismo con los exiliados por motivos económicos.
El año 1983 fue particularmente duro desde el punto de vista de los que emigraban de Uruguay, huyendo del oscurantismo que imponía la dictadura y de las pocas esperanzas que se avizoraban en el horizonte. El 26 de diciembre, como un regalo de Navidad y también como una caricia optimista para llegar a fin de año, llegó un vuelo desde España. Venían ahí ciento ochenta y cuatro niños que eran hijos de exiliados y presos políticos que no podían pisar el país. El viaje fue montado por organizaciones sociales y políticas de España y el respaldo de su gobierno y la una caravana de miles de personas los recibió calurosamente.  “Ya vamos a volver, pero para siempre y con nuestros padres” dijo una de las niñas de la delegación cuando fue entrevistada para la televisión. Esos niños tenían claro todo lo que ocurría a su alrededor, y no es disparatado decir que esta consciencia también estaba presente entre los niños que participaban del Éxodo en 1811.
Unos mil de los cinco mil civiles que participaron del Éxodo eran niños y su realidad, ciertamente, no escapaba a la de los adultos que marcaban su marcha. “Fue una larga prueba de miseria y de privaciones: en la Banda Oriental se había iniciado la era del andrajo”, dijo el investigador Carlos Maggi. Algunos textos de José Gervasio Artigas describían crudamente la situación del pueblo que lo siguió desde el 23 de octubre de 1811 hasta 1812 en una peregrinación en la que el pueblo buscaba un refugio en tiempos duros, protección ante posibles acciones del Virrey Elío y también ejercía un acto de rebeldía ante la realidad que los superaba a todos. Artigas decía que quienes iban con él aparecían a veces desnudos, pobres, hundidos en la miseria y al mismo tiempo impulsados por una resolución admirable.
El historiador y divulgador Lincoln Maiztegui resumió las implicancias de este episodio histórico de esta forma: “El sentimiento de `orientalidad´ surgió sin duda en esta doliente coyuntura como consecuencia de la tristísima peripecia que les tocaba vivir. Enfrentados a los españoles, no podían sentirse tales; traicionados —así lo sentían— por el gobierno de Buenos Aires, no podrían jamás considerarlo como propio. Definitivamente, eran otra cosa; eran los orientales”.
El Éxodo tuvo cuatro nombres. Sus participantes le llamaron Redota, no solo por considerarlo una derrota y una decepción sino también por el derrotero que siguieron hacia el norte junto a Artigas y sus milicias. El termino Éxodo, de claras reminiscencias bíblicas, fue usado por primera vez por el escritor e historiador Clemente Fregeiro, en 1883. Por otra parte, el coronel Ramón de Cáceres, quien participó del episodio, lo bautizó como Procesión. Y, finalmente, el historiador Agustín Beraza hizo eco del término que empleó el propio Artigas y habló de una Emigración.
Claro que esta Emigración tuvo antecedentes muy distintos a los que vivieron los emigrantes que llegaron al país desde Europa en la primera mitad del siglo XX y a los que se fueron de Uruguay por la dictadura de 1973 y posteriormente por la crisis económica de principios de este siglo.
Un hecho clave en la sucesión de antecedentes fue el Grito de Asencio, del 28 de febrero de 1811, cuando los caudillos locales Venancio Benavídez y Pedro Viera se pronunciaron a orillas del arroyo Asencio a favor del gobierno revolucionario de Buenos Aires. Otro momento destacado fue la Batalla de las Piedras, el 18 de mayo, en la que Artigas derrotó a 1200 marinos españoles. Esta batalla dejó a Montevideo, que estaba a favor de España, bajo un sitio que se inició dos días más tarde.
El gobierno de Buenos Aires pactó un armisticio con el Virrey Elío. Éste levantaba el bloqueo naval a cambio de disponer de la Banda Oriental sin tomar represalias contra quienes lo habían enfrentado. Los portugueses debían retirarse, cosa que no hicieron. Los habitantes de la Banda Oriental no estuvieron a favor del armisticio ya que los dejaba a merced de Elío, su enemigo.
A estos hechos siguieron dos asambleas importantes. Una fue el 10 de setiembre, celebrada en la panadería de Vidal, fuera de los muros de Montevideo. En ella los delegados del gobierno de Buenos Aires explicaron sus motivos para firmar el armisticio con Elío mientras que los vecinos de la Banda Oriental manifestaron su rotunda oposición.
La otra asamblea fue el 10 de octubre, en el sitio conocido como la quinta de la Paraguaya. Nuevamente delegados de Buenos Aires hablaron a favor del armisticio mientras que los orientales prometían mantener el sitio de Montevideo comandados por Artigas. El caudillo fue reconocido como jefe y autoridad política de los orientales en esta asamblea.
Pero el gobierno de Buenos Aires firmó el armisticio con Elío el 20 de octubre.
Ese mismo día Artigas, quien ya había sido nombrado gobernador de Yapeyú, en la provincia de Corrientes, inició la retirada. El 23 de octubre, durante una nueva asamblea de los orientales junto al río San José, al oeste de Montevideo, Artigas dijo a sus hombres que acataría el armisticio y que se iría hacia Yapeyú, al norte. Quienes estaban presentes dijeron que retomarían la lucha en cuanto tuvieran oportunidad. En los días siguientes a la marcha se sumó el pueblo de la Banda Oriental. Y así comenzó el Éxodo.
Entre 1963 y 1975 se fueron unos doscientos dieciocho mil uruguayos. La cantidad superó la de los inmigrantes que habían venido en décadas previas y que habían contribuido a dar forma a la fuerza productiva del país. Tras la gran huida del 2002 se calculaba que medio millón de uruguayos vivía en el extranjero, lo que equivale al dieciséis por ciento de la población. En 2002 se fueron unos veintiséis mil uruguayos. Al año siguiente el aeropuerto vio despedirse a la misma cantidad de gente. Las cifras podrían seguir acumulándose hasta perder sentido o abrumar. A diferencia de lo que ocurrió en 1811, estos Éxodos modernos se dieron de forma diluida, pero igualmente acompañados por un sentimiento común entre quienes partían y quienes permanecían en el país. Son procesos en los que la desesperanza se intenta combatir con la idea de que en el horizonte puede haber mejores oportunidades que las que hay donde se vive. Aunque lo que esté a la vista sea una tormenta y, tarde o temprano, uno termine por regresar.

Fuentes
Artículo “Disminuyó la emigración uruguaya”, publicado en el diario La República, 4 de enero de 2005. Monografía “Emigración en Uruguay”, sin autor, posteada por el usuario Jorge Rodríguez en el foro www.redota.com. Artículo “Sigue la sangría uruguaya”, de Gabriela Vaz, publicado en el diario El País. Artículo “Tendencias, coyuntura y estructura: la crisis social en Uruguay”, de Fernando Filgueira, publicado en www.henciclopedia.org.uy. “Viaje de los niños a Uruguay”, programa de canal 10, conducido por María Inés Obaldía. Tomo 1 de “Orientales”, de Lincoln Maiztegui, editorial Planeta. Tomo 1 de “En los tiempos de Artigas”, de Ana Ribeiro, editorial Planeta. “Padrón de familias que acompañaron al Gral. José Artigas en 1811”, publicación del Museo Histórico Nacional. “Artigas y el federalismo en el Río de la Plata”, primera parte, de Washington Reyes Abadie, Ediciones de la Banda Oriental.
Cinco primeras páginas de la historieta 

Bernardina hacia la tormenta

De Matías Castro (guión) y Daniel González (dibujo)

Abajo se incluyen las fuentes documentales de las que fueron tomadas las escenas


Referencias

Páginas 1 a 5

La larguísima caravana que abandonó la Banda Oriental para seguir a José Gervasio Artigas hasta Argentina encontró, en el punto donde comienza esta historia, una seguidilla de cursos de agua que resumen bien las penurias que atravesaron. En su larga marcha de varios meses hasta llegar al campamento junto al río Ayuí, en Entre Ríos, se toparon con numerosos obstáculos. De todos, el cruce del arroyo Quebracho, luego el Chapicuy, el río Daymán y finalmente el Uruguay, formaron un período particular en el que por varias semanas enfrentaron lo que creo que fue la parte más hostil de la geografía que atravesaron.
Este período parecía un buen punto de inicio para contar la historia de la familia de Bernardina Acosta. María Julia Ardao y Aurora de Castellanos lo resumen en la página 50 de El escenario geográfico del artiguismo y de hecho incluyen episodios que quedan fuera de la historieta por cuestiones de extensión. Entre el 13 y el 14 de noviembre vadearon el Río Negro, el 24 de ese mes pasaron el arroyo San Francisco y luego el río Queguay, el 1 de diciembre acamparon junto al arroyo Quebracho, tres días más tarde cruzaron el Chapicuy y otros tres días después atravesaron el Daymán. Del 10 al 30 de diciembre se dedican a cruzar el río Uruguay, el más ancho de todos.  Siete pasos de agua en menos de un mes es mucho para gente que avanzaba lentamente en carretas, a pie o a caballo, a la intemperie y con pocas provisiones.
Con respecto al nombre del niño, Ezequiel, hay que reconocer que es antojadizo, puesto que no quedó identificado en el padrón del Éxodo que levantó Artigas en diciembre de 1811. Lo mismo ocurre con los que lo acompañan, su hermana Josefina y el esclavo Viriato. En el padrón solo consta que Bernardina Acosta era una mujer que viajaba con sus dos hijos y un esclavo, nada más. Pero había que ponerle nombre a sus hijos y representarlos de algún modo. El nombre de Viriato corresponde el de un caudillo que vivió en el siglo II a.C., quien enfrentó en Lusitania las fuerzas romanas. Debido a que es una figura importante, aunque con ribetes legendarios, para la historia portuguesa, me parecía interesante e irónico usar su nombre para bautizar a un esclavo (bastante autónomo, por cierto) que participó del episodio histórico que movilizó un pueblo entero ante las arremetidas expansionistas de los portugueses.
Elegí La Gallina Ciega como motivo para comenzar la historieta debido a su popularidad como juego de campo. Hay dos documentos que permiten concluir que se jugaba por esos tiempos. Por un lado el libro de Roberto Boutón hace una buena descripción y, cien años después, lo incluye como juego típico y tradicional. Por otro, está la pintura La gallina ciega, de Goya, que aunque se ambienta en un grupo social más acomodado que el de esta historieta, muestra que en 1788 era muy común en España.


3 oct 2011

Arte sobre la época en la que se ambienta el cómic

Bernardina hacia la tormenta


Algunos ejemplos de arte que ilustran el período histórico en que se desarrolla la historieta de Matías Castro y Daniel González.


Ver más detalles del proyecto en este enlace.


Obra de Guillermo Rodríguez




Obra de Melchor Méndez Magariños



 

  
 Obra de Felipe Seade




Obra de autor no consignado (hay copia en esta web)